Ficción Documental

Hubo una época en que la fotografía era prueba de la realidad. Si algo aparecía en una imagen, inmediatamente ese algo se volvía irrefutable: constatación comprobable de lo real. Sin embargo, con la aparición de la fotografía en 1820 surgió también la mirada fotográfica. El hecho objetivo de disparar el obturador de una cámara se volvió subjetivo, en la medida en que el autor de la imagen se permitió más dosis de experimentación. Ya no sólo importaba el registro de la realidad concreta, sino también la interpretación de ella.Con los años, incluso, surgió el escepticismo, y fotos emblemáticas de la historia como Muerte de un miliciano, tomada por Robert Capa durante la Guerra Civil Española o Alzando la bandera de Iwo Jima, que le significó ganar el Premio Pulitzer al fotógrafo Joe Rosenthal, han sido cuestionadas en su autenticidad.

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La fina linea que separa la manipulación de la objetividad es sin duda alguna uno de los grandes debates fotográficos del momento, llegándose incluso a cuestionar que fotografías icónicas como ‘Madre migrante’ de Dorothea Lange no sean todo lo objetivas que cabría esperar por el hecho de haber eliminado un dedo del fotograma, José Luis López de Zubiría, vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Fotógrafos Profesionales de España (AFPE) opina, a titulo personal, que, “aunque en este caso el retoque no cambia el sentido de la fotografía, sí evidencia por parte de la autora cierto favor a la estética en detrimento de la ética” , ante afirmaciones como esta es inevitable preguntarse si ese retoque cambio en algo el valor de la historia y cuales son los márgenes en los que poder moverse sin miedo a ser cuestionados tal y como le sucediera a Stepan Rudik  quien en 2010 se quedo fuera del prestigioso World Press Photo por eliminar un pie al fondo de una fotografía.

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Otros fotógrafos como el  ucraniano Dmitry Muravsky van un paso mas allá llegando a escenificar una escena de conflicto que nunca tuvo lugar, hecho que denunció Viktor Moroz, oficial ucraniano, y que el  Washington Post  se hizo eco concluyendo con la destitución del fotógrafo.

“Se les dijo a los hombres qué hacer y cómo actuar, no hubo lesiones ni esguinces”, escribió. “No hubo bombardeo, se detonó un dispositivo explosivo a distancia, se cubrió en un saco o en cemento o en una mezcla utilizada para la construcción, o en tiza”.

Dmitry Muravsky

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“No soy un fotoperiodista, sino un contador de historias”  no duda en aserverar Steve Mccurry, quien ha optado por alejarse de etiquetas como la de  documentalista tras la polémica generada al descubrirse que alguna de sus imágenes más icónicas han sido manipuladas digitalmente, llegando a eliminar incluso a personas del encuadre,  hecho que obligó a la agencia Magnum a retirarlas de su catálogo.

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Seguramente sea sencillo acordar que el hecho de  manipular la archifamosa foto de Dorothea Lange o el pie del fondo de Stephan Rudik, en poco o nada altera el mensaje final de la foto, sin embargo otras cuestiones mucho mas interesantes como el tratamiento de un tema por parte del fotógrafo rara vez se cuestiona y trabajos como el que desarrolló Eugene Smith en el pueblo español de Deleitosa  para la revista Life  en 1950 han tenido la repercusión suficiente como para estigmatizar ese territorio durante decadas, una visión muy politizada, hecho reconocido por el propio autor y el medio, para mostrar los tres tópicos fundamentales sobre la España negra que estaban presentes en el imaginario colectivo norteamericano: pobreza, religiosidad y autoridad.

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En contrapartida  su colega Brassaï  quien en ese mismo año, con una visión a caballo entre los tópicos turísticos y las imágenes oníricas de herencia surrealista, retrata para Harpers Bazaar la Semana Santa de Sevilla y algunas fiestas de la ciudad, muestra una España mas festiva y abierta que la de su colega, dejando de este modo en evidencia la dificultad que tiene la fotografía para que se la pueda considerar objetiva.

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En ese mismo año Robert Doisneau captó ‘El beso del Hotel de Ville’, una imagen icónica que fué percibida como documental hasta 1980, fecha en que una pareja francesa desveló que habían posado para  la foto y exigió a su autor una compensación de 90.000 dólares por la infracción del ‘copyright’. Aunque ganó el juicio reconoció su puesta en escena alegando en su defensa que pidió a los dos amantes que repitieran el beso de un modo mas expresivo y poniendo en jaque la veracidad de lo que hasta ese momento había sido incuestionable, el famoso momento decisivo  de Cartier Bresson  podría no ser tal momento ni tan decisivo.

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Llegados a este punto cabría preguntarse si sería mas tendencioso la manipulación física de una imagen o una mirada intencionada frente a un tema concreto y en paralelo el poder real que, hoy más que nunca, sobre la imagen tenemos, no hay que olvidar que el trabajo de Eugene Smith, que fue censurado por las autoridades franquistas, lejos de conseguir su propósito alimentó la idea de España como un lugar exótico, festivo, con tradiciones milenarias y proyección de futuro .

Algunos autores contemporáneos,  conocedores de las limitaciones propias del medio, lejos de presentar sus trabajos como verdades absolutas nos ofrecen una lectura más abierta, distanciándose claramente de los clásicos y dificultando su etiquetado, que realmente se presenta como un híbrido entre el mundo periodístico y artístico.

 

En 2012 Cristina de Middle autopublica —con el apoyo de la sala Kursala de la Universidad de Cádiz— Afronautas , proyecto que trata desde la ficción una noticia real y que ha catapultado a su autora a la cúspide de la fotografía contemporanea, que,  a sus 44 años, ya cuenta en su haber con el Premio Nacional de Fotografia 2017 y es miembro de la prestigiosa agencia Magnum.

“Como fotoperiodista siempre he tratado de ofrecer una visión excéntrica de la actualidad, evitando los viejos temas tratados mediante los canales y las formas asumidas. En mis proyectos personales, he elevado mi reflexión para situarme, ya sin las ataduras de veracidad y del documentalismo, en la difusa frontera que separa la realidad de la ficción. Me interesa ahora reflexionar sobre aquellas manifestaciones que son falsas pero parecen reales y sobre aquellos acontecimientos que son verdaderos pero parecen mentira.”

Afronautas está basado en la documentación de un sueño imposible que sólo vive en las imágenes. Basándome en esta increíble pero cierta noticia de hace 50 años, reconstruyo las escenas que podrían haberla documentado entonces y refuerzo su veracidad añadiendo a esa certeza mi carga personal y el fruto de mi imaginación. “

Cristina de Middle

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Ficción documental es como le gusta al fotografo Roger Ballen definir su trabajo, quien no duda en presentarse como un fotógrafo psicológico existencial muy alejado del compromiso socio-político que podría esperarse de alguien que hace una fotografía tan personal y cercana.

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“El asunto radica en qué es el arte. Qué es una pieza de arte. Qué es buen arte, el mal arte. Porque lo que uno ve como una pieza artística, otro la verá como una pieza documental y quizás alguien más como una simple imagen. Y ahí es justamente donde se genera el problema.”

Roger Ballen

 

Si hay alguien conocido por cuestionar la objetividad de la fotografía es sin duda Joan Fontcuberta quien afirma que toda imagen, sin excepción, debe ser puesta en tela de juicio.

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SPUTNIK 1997  es quizás su trabajo mas conocido y por tanto una buena puerta de acceso para adentrase en su universo, en él se presentan fakes como materiales originales para tratar una noticia tan relevante como un viaje espacial durante la guerra fría, de la que los medios de comunicación llegaron a hacerse eco, sin tan siquiera contrastarla.

“Siempre he mantenido la convicción de que toda fotografía es una manipulación, podemos establecer grados de intervención pero toda fotografía es una manipulación en el sentido de que reconstruye la realidad en bases a unos parámetros subjetivos”

Joan Fontcuberta

 

El 11 de septiembre de 2001 dos aviones se estrellan contra el World Trade Center de Nueva York, entre la oleada de noticias sin apenas tiempo de contrastar se cuela la de un turista Hungaro, quien supuestamente desde la plataforma de observación de una de las torres capta el momento en que se acerca el avión y logra hacerla foto viral en las redes , cuando realmente se trata de un montaje con una foto tomada en ese mismo sitio cuatro años antes.

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Llegados a este punto sería fácil pensar que para lograr una fotografía objetiva y veraz  se hace imprescindible eliminar el factor humana del proceso, es decir tan solo podríamos dar credibilidad a aquellas imágenes que han sido capturadas de modo automático, como las obtenidas con  cámaras de vigilancia, pero incluso este tipo de imágenes conviene cuestionarlas porque tras su aparente inviolabilidad se esconde un gran potencial.

 

Daniel Mayrit en su proyecto no has visto sus caras manipula los retratos de las cien personas más poderosas de Londres y las presenta como si fuesen delincuentes capturados por cámaras de vigilancia, cuestionando nuevamente el sistema de representación y los roles aceptados por la sociedad.

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Claro que si en el género documental la fotografía ha sido puesta en entredicho cada vez con mayor frecuencia, en el arte ha ido ganando terreno con éxito.

Desde las últimas cuatro décadas, la fotografía se ha vuelto una herramienta primordial para cuestionar la realidad; sobre todo ahora, con la aparición de la fotografía digital, los cruces entre realidad y ficción están en la primera línea de las artes visuales.

La mentira es un recurso casi inherente a la historia de la fotografía bien sea a posteriori, modificando lo que la cámara registró o, con anterioridad, escenificando una escena que nunca sucedió pero que se presenta como veraz.

Hoy más que nunca se impone la necesidad de cuestionarse todo, ahora que ya sabemos que la fotografía publicitaria no es la única que miente, quizás sea la más honesta por que no oculta sus propositos, es el momento de cuestionarse el resto de disciplinas que tras una apariencia mas amable nos hace más vulnerables como espectadores.

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